Seamos “poco espirituales” y dejémonos ser “el desastre” que realmente somos

Generalmente cuando nos acercamos a la Meditación, a la espiritualidad, a los libros etc, creemos que debemos sentirnos de tal modo o comportarnos de tal manera, y si no lo estamos haciendo así, rápidamente nos decimos que vamos mal o que no estamos en el presente y cosas así.

Esto se debe a que tenemos una “idea” de cómo deberíamos sentirnos y esto genera conflicto entre lo que es y lo que debería ser.

Ser auténticos, implica permitirnos sentir lo que estamos sintiendo. Darle espacio a esas sensaciones y pensamientos que tan rápido hemos encasillado como “poco espirituales”, y sobre todo, adentrarnos en la vulnerabilidad. Mostrarle al mundo nuestra fragilidad, es un verdadero acto de amor y sobre todo de muchísima valentía.

¿Qué sucedería si te permitieras sentir lo que estás sintiendo?

¿Qué sucedería si realmente hicieras lo que tenés ganas de hacer y te mostraras tal cual sos?

¿Te preguntaste alguna vez, por qué siempre nos estamos adaptando a nuestro entorno?

Es más… ¿Te diste cuenta, de que lo estabas haciendo?
Hay una razón básica… MIEDO. ¿A qué? A perder todo lo que no sea real.

Quizá te parezca drástico lo que estoy diciendo, trabajo, amigos, pareja, etc. Pero si haces esto, si decides nunca más traicionar tu corazón y mostrarle al mundo quién sos realmente, muchas cosas van a cambiar porque el mundo externo que has creado es el reflejo de tu mundo interno, y quizá sin darte cuenta te has mentido. Y si te has mentido, les has mentido a los demás.

Entonces, LA NOCHE OSCURA DEL ALMA , es ese proceso donde todo se derrumba, donde todo lo que no es real de tu vida va a ir desapareciendo para darle espacio a lo nuevo.

No temas el vacío, no juzgues tan rápido ese momento de tristeza, de desolación, de sentirte incomprendido. Más bien si así lo deseas, puedes permitirle ser y dejarlo venir, que te atraviese y que destroce todas tus defensas y quizá, en el medio de la tormenta te descubras ahí, apacible, mirando todo ese espectáculo.

Al hacernos conscientes del testigo observador, algo en nosotros sucede, es como si de repente pudiéramos descansar en ese espacio de consciencia.